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YO ESTOY Y SOY

En la entrada de este mes quiero invitarles a reflexionar sobre las reacciones que suele tener la mayoría de la gente cuando ve a una persona amputada, como yo, sin prótesis y sobre la manera de afrontarlas (al menos, la mía).

La tendencia más frecuente es decir “la/el pobre”, a lo que mi yo interno responde “¿pobre? pobres los que no están; yo estoy viva y viviré mientras pueda”. Entiendo que a la gente le choque pero no está mal pensar que podría ser peor. Si me centrara sólo en lo frustrante viviría amargada y eso no tiene sentido. Ya que estoy viva, tiene más sentido afrontar las frustraciones pero centrarme en vivir.

Los momentos más cómicos para mí empezaron cuando era pequeña. Decía a mis compañeros de clase cosas tan disparatadas como que había cambiado la pierna por una gameboy o que dejé que se me cayera el pelo para que me creciera azul. Una amiga de la infancia siempre me lo recuerda y nos reímos a carcajadas. Le doy gracias a… (llámalo Dios, Buda, ser superior, etc.) por hacer que pasara la prueba del cáncer siendo tan pequeña porque, en esas edades, no eres realmente consciente de lo que te está pasando. Crees que la vida es así, entre hospitales y viajando a revisiones, porque no recuerdas otra vida que no sea esa. Bajo mi humilde opinión, creo que es más difícil asumir el cáncer siendo adulto, habiendo vivido previamente sin ningún tipo de malestar y siendo consciente de que tu vida se puede acabar mañana mismo. Por ese motivo, me siento afortunada de haberlo superado a tan corta edad. Da igual que me amputaran porque todos los días me levanto y veo la luz del día.

La etapa de la adolescencia es un poco más complicada pero yo, debido a mi genio, jamás me dejé pisotear: “Sí, tengo una prótesis, ¿qué problema tienes?”. Entendí que yo había vivido más experiencias que ellos, que yo soportaba el dolor mucho más que aquellos adolescentes de 15 años y, sobre todo, que tenía otro nivel de madurez.

Hoy por hoy creo que las reacciones más graciosas son las de los niños. Cuando te ven sin la pierna se oye un “mira mamá, no tiene pierna” o un “mira mamá, está coja” a lo que las madres, el 99% de las veces, les reprenden y mandan a callar. Yo les sonrío y les digo “el niño no miente, no hace falta reprenderlo; dice lo obvio” y ¡es verdad!

Asumo que, por el hecho de tener prótesis, se me ve desde fuera un poco diferente.  Por suerte, todos tenemos aspectos que nos diferencian del resto: algunos, por quedar reflejados en el aspecto físico o en la forma de actuar, se ven desde fuera y otras no. Si todos fuéramos iguales la vida sería aburrida ¡Pobre del que sea igual que el resto, como un simple corta-pega sin nada particular que añadir! Esa “diferencia”  me permite hacer cosas y vivir situaciones que poca gente puede vivir y sentir.

No hay problema. Cada uno afronta su situación. Yo asumo la mía. La vida me tocó vivirla así y no pasa nada. Quiero mostrar que, aunque tengas una “diferencia” de este u otro tipo no quiere decir que valgas menos o que no busques la manera de hacer lo que te propongas.

Yo estoy aquí, soy esto…y muchas cosas más.

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